
Alfredo Martínez Serrano representa una figura excepcional en la diplomacia española, un profesional cuya trayectoria combina la excelencia institucional con una profunda vocación de servicio. Su paso por la Casa de Su Majestad el Rey dejó una impronta de lealtad, rigor y sensibilidad, cualidades que difícilmente pueden reflejarse en un currículum pero que definen su modo de entender la función pública.
Su etapa como jefe de Protocolo, entre 2014 y 2021, consolidó un estilo basado en el respeto, la empatía y la búsqueda constante del consenso, valores que trasladó con naturalidad a cada acto y encuentro oficial. Su capacidad para armonizar la tradición con la innovación y su erudición —forjada en las universidades de Oviedo, Pisa, Bruselas y California— le confirieron una perspectiva amplia, moderna y profundamente humana de la diplomacia y del protocolo.
Hoy, como embajador de España en Canadá, Alfredo Martínez continúa proyectando la mejor imagen del país con la elegancia y prudencia que siempre le han caracterizado. Su liderazgo se sustenta en la coherencia, la honestidad y una visión integradora que lo convierten en referente indiscutible dentro y fuera del ámbito protocolario.
Desde su origen ovetense hasta su desempeño internacional, su trayectoria encarna los valores de servicio, concordia y compromiso con la unidad y diversidad de España. Martínez Serrano no solo ha elevado el nivel del protocolo institucional, sino que ha dignificado una profesión que, bajo su mirada, se entiende como una ciencia humana al servicio del entendimiento y la mejora colectiva.
XLVI Jornada del Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos
La XLVI Jornada del Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos, celebrada el martes 4 noviembre de 2025, reunió a expertos, estudiantes y profesionales del sector en un encuentro que reafirmó el valor del protocolo como herramienta para el entendimiento, la paz y la comunicación estratégica en tiempos de cambio.
Una mirada diplomática a la esencia del protocolo
Con la serenidad de quien conoce el poder de la forma y la palabra, Martínez Serrano ofreció una ponencia que trascendió la teoría para situar el protocolo en el corazón mismo de la convivencia moderna. Lejos de concebirlo como un conjunto de reglas rígidas o un ritual de gestos preestablecidos, el embajador presentó el protocolo como una disciplina viva, capaz de adaptarse a la realidad cambiante sin perder su esencia.
Cuatro pilares para una disciplina integral
El punto de partida de la ponencia fue una revisión de los fundamentos del protocolo a partir de las definiciones de figuras históricas como José Antonio de Urbina, Josep Tarradellas y Maurice de Talleyrand. El embajador propuso una lectura contemporánea basada en cuatro dimensiones: organización, normativa, forma y comunicación estratégica. Cada una representa una faceta del trabajo protocolario, pero solo adquieren sentido cuando se integran en una visión coherente.
El método y la persona: la estructura invisible
Martínez Serrano insistió en la necesidad de recuperar el sentido metodológico del protocolo. Para ilustrarlo, utilizó la imagen de círculos concéntricos, donde cada decisión se relaciona con un núcleo central: el ‘porqué’ del acto, el “qué”, el “quién”y el “cómo”. Todas estas preguntas deben estar presentes en la labor del profesional del protocolo sin olvidar nunca situar a las personas en el centro de la acción protocolaria, una idea que enlaza con su visión humanista.
El decálogo del profesional contemporáneo
Una de las secciones más comentadas fue el decálogo para los profesionales del protocolo. Entre las virtudes señaladas destacan la claridad de ideas, la flexibilidad, la coherencia, la capacidad de adaptación, el rigor técnico y el valor de la experiencia. Pero el embajador fue más allá de las habilidades técnicas y situó la humanidad en el centro de su propuesta.
Un oficio en plena transformación
El embajador analizó los factores que están transformando el entorno del protocolo: la revolución tecnológica, la tensión entre globalización y desglobalización, el cambio cultural y la complejidad de la gestión. ‘Estamos viviendo un cambio de época, no una época de cambios’, señaló. En este escenario, la innovación ha sustituido a la estabilidad como valor rector.
El protocolo como arquitectura de paz
Uno de los momentos más inspiradores fue la reflexión sobre el papel del protocolo en las relaciones internacionales. Martínez Serrano lo presentó como una herramienta de diplomacia preventiva, capaz de crear espacios de respeto y entendimiento. ‘El protocolo no es adornar, sino generar condiciones para el diálogo’, afirmó.
Inteligencia artificial: amenaza o aliada
Durante el turno de preguntas, la profesora Geraldine León planteó la incidencia de la inteligencia artificial en el protocolo. Martínez Serrano respondió que la IA provocará cambios antropológicos y organizativos, pero subrayó que ningún algoritmo puede sustituir la empatía ni el juicio humano. ‘La inteligencia artificial no es buena ni mala; depende de cómo se utilice’, advirtió.
Comunicación y protocolo: un binomio inseparable
En respuesta a una pregunta de Maru Merino, de la Asamblea de Madrid, el embajador señaló que el protocolo y la comunicación no se oponen, sino que se complementan. Recomendó a los profesionales formarse en comunicación estratégica, entendiendo cómo los actos transmiten mensajes y construyen narrativas públicas.
Nuevas generaciones: la herencia y el futuro
El cierre de la jornada estuvo dedicado a los jóvenes profesionales. Martínez Serrano instó a apostar por la disciplina desde la vocación, recordando que la formación integral y el liderazgo son las claves para el futuro del protocolo. Coincidió con Gerardo Correas en la necesidad de que los profesionales se formen en producción de eventos y gestión operativa.
Conclusión: la vigencia de la forma
La XLVI Jornada del Observatorio Profesional de Protocolo y Eventos dejó una enseñanza clara: el protocolo no pertenece al pasado, sino al futuro. En un mundo saturado de mensajes, el protocolo representa orden, respeto y civilización.
Martínez Serrano finalizó recordando que cuando el mundo se fragmenta, el protocolo tiende puentes.